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March 18, 2019

La movilidad social es un juego de serpientes y escaleras

La base de la movilidad social es, en esencia, la misma que la del objetivo contable o económico de una empresa: incrementar las «Entradas / Ingresos» (Escaleras) y reducir las «Salidas / Gastos» (Serpientes) para lograr la acumulación de capital y, con ello, alcanzar un mejor estrato económico-social. El gobierno debería tener como objetivo multiplicar esta fórmula de forma viral en los sectores más vulnerables de la población; eso se traduciría en mover a estos grupos hacia niveles superiores.

Además de estos factores internos, existe también una tendencia global: la reducción de la clase media y el incremento en los niveles de educación necesarios para obtener un salario digno. El ingreso promedio ha disminuido para los niveles de educación media y alta, y los rendimientos decrecientes —donde una mayor educación genera cada vez un menor incremento en la percepción económica— han comenzado a desplazarse también hacia los niveles medios.

Esto tiene una lógica económica: en un sistema capitalista estamos supeditados a las fuerzas del mercado, así que mientras más oferta de mano de obra calificada exista y menos demanda de puestos con esas características se genere, los salarios seguirán cayendo.

Entradas / Ingresos (Escaleras)

Educación

El mercado no te paga por lo que sabes, sino por lo que haces.

Es claro que la educación juega un papel muy importante en la movilidad social, y ha sido el indicador que durante años pareció explicar los incrementos en salarios e ingresos. Pero ese efecto se ha ido reduciendo, y la respuesta ya no está en el nivel de educación, sino en el tipo de educación necesaria.

El modelo educativo actual responde al modelo de producción de la segunda revolución industrial, cuyo objetivo era normalizar a los estudiantes; en una sola palabra: estandarizar. De hecho, las escuelas de formación docente del gobierno se llaman, precisamente, Normales.

El pedagogo Ken Robinson desarrolló esta misma tesis en su influyente conferencia Changing Education Paradigms (2010): los sistemas educativos modernos replican todavía hoy la lógica de una línea de producción industrial, agrupando a los estudiantes por fecha de fabricación —su edad— en lugar de por sus capacidades reales.

Ese modelo está obsoleto: ya no es el esquema que genera riqueza en las naciones actuales. En ambientes de alta competitividad, donde la velocidad del cambio es abrumadora y la mano de obra es cada vez menos valiosa y necesaria por el uso de la tecnología, lo que se requiere es un modelo educativo orientado al emprendimiento y a la innovación.

La nueva educación debe hacer hincapié en la innovación y en los proyectos, cambiando el paradigma del salón de clases por el del laboratorio, donde se aprende haciendo y aplicando, con sistemas pedagógicos como el aula invertida, que equilibran los modelos inductivo y deductivo. Es decir, una educación basada en proyectos interdisciplinarios donde el alumno sea un elemento participativo.

La educación debe prepararte para el futuro, y el futuro no está en la mano de obra, sino en la mente de obra. Por eso el emprendimiento y la educación con modelos STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics) son necesarios para alcanzar, desde edades tempranas, niveles de competencia mundial.

La brecha solamente se incrementa, y la educación, en lugar de eliminar la pobreza, simplemente la replica. Un modelo educativo que se basa en crear obreros difícilmente ayudará a que quienes lo cursan tengan oportunidades en esta nueva revolución, que busca emprendedores y creadores de conocimiento.

Emprendimiento

Si el valor agregado y la competitividad de las naciones se generan en la iniciativa privada, lo primordial es el crecimiento de esta. Un ambiente de competencia justa genera cambio, y el cambio genera competencia; ese ciclo es el que produce crecimiento y movilidad.

El emprendimiento es la búsqueda de oportunidades y la creación de valor para capturarlas —una idea que coincide con la definición clásica que el profesor de Harvard Business School Howard Stevenson propuso en 1983, entendiendo el emprendimiento como la búsqueda de oportunidades más allá de los recursos que se controlan en el momento. El simple hecho de tener esta mentalidad implica un tipo distinto de empleado o socio: las empresas buscan hoy personas innovadoras y creativas, que generen valor y sean capaces de llevar proyectos a buen término.

Un ambiente de libre comercio y de apoyo a emprendedores debe generar la cultura que permita tener nuevas fuentes y tipos de ingreso. De esta forma, la gente puede ayudarse a sí misma generando puestos laborales de alto impacto.

El emprendimiento debe apoyarse en la educación para dar las herramientas necesarias y capturar esas oportunidades. Las industrias de alta tecnología necesitan capital humano con las características antes mencionadas, y por esa demanda y escasez de recursos, son las que ofrecen los mayores salarios.

Estrella

El talento es superior a la educación: muchas veces se nace con él, no se hace. El talento nato tiene demasiados obstáculos que vencer en un ambiente donde la meritocracia no existe y se premia la cultura de los privilegios y no la del esfuerzo, lo cual genera el mayor desperdicio de recursos semi-renovables de una nación (cada persona es única), aun cuando el talento es la característica individual que más valor agregado genera en la industria del conocimiento.

Malcolm Gladwell, en Outliers (2008), documenta cómo el talento excepcional rara vez se explica solo por el mérito individual: depende, de manera decisiva, de las oportunidades y circunstancias que rodean a la persona desde edades tempranas.

El talento no solo detona la movilidad social personal: también genera esperanza y motivación. Las historias de lucha y triunfo llenan el espíritu y fortalecen, porque las personas se ven reflejadas en ellas y encuentran la ilusión de que existen formas de salir adelante basadas en sus propias capacidades. Esto ocurre especialmente en industrias de alto valor y cobertura mediática, como el deporte o el entretenimiento, que además son causa de orgullo e identidad nacional. El triunfo de las estrellas se comparte de forma emocional, generando no solo derrama económica, sino también círculos virtuosos que marcan caminos de esperanza.

Emparentar

Aun en su aplicación más literal —como en cualquier telenovela, donde seducir al jefe o al señor acaudalado asegura la tranquilidad económica de la empleada doméstica—, esto sigue siendo una realidad que genera movilidad. Y no solo a nivel personal: también en el ámbito empresarial, político, e incluso en los modelos nacionales de desarrollo, donde se buscan relaciones en las que los grandes y acaudalados apoyen y se vinculen con quienes no lo son, pero pueden agregarles valor.

Esta es la base del TLCAN —hoy T-MEC—, de las incubadoras de empresas, o de los inversionistas ángel (Shark Tank). Emparentar es, muchas veces, la forma más rápida y de mayor impacto para generar movilidad, pero también la de menor alcance: solo se da en casos muy específicos y excepcionales, y requiere que la parte que busca crecer tenga ya mucho valor potencial. Por eso esta dinámica está directamente relacionada con el efecto «Estrella»: cuando se potencia y multiplica ese efecto, el emparentamiento crece al mismo tiempo.

Robert Putnam, en Bowling Alone (2000), documenta cómo el capital social —la densidad y calidad de los vínculos entre personas e instituciones— predice el desarrollo económico y comunitario con una fuerza comparable a la del capital financiero o humano.

Salidas / Gastos (Serpientes)

Salud

Uno de los principales factores de retroceso económico en la sociedad es la salud. No son pocos los casos en los que una familia ha perdido todo lo logrado por un problema de salud, ya sea por una condición crónica o un accidente. Los gastos médicos suelen ser muy onerosos en la atención privada, pero para muchos no existe una opción real, dadas las carencias de los sistemas de atención pública.

Cualquier reducción en los costos de atención médica tiene un impacto directo en el bolsillo de las personas, ya que es casi imposible no enfermarse, o no tener a alguien cercano que atraviese esta situación en algún momento.

Seguridad

Otro factor que incide directamente en la inmovilidad social, o incluso en el retroceso, es la falta de seguridad pública. En cualquier momento, otra persona puede llevarse lo que a uno le costó años de trabajo, o impedir la supervivencia de un negocio por el clima que genera entre proveedores y clientes. Cuando no existe orden ni un estado de derecho, no existe inversión: se inhibe tanto la producción (oferta) como la adquisición (demanda), lo que representa un doble golpe para la actividad económica.

La seguridad es, además, el factor en el que se refleja de inmediato la buena o mala labor de un gobierno, ya que para la sociedad esto es responsabilidad íntegra del Estado —aunque en realidad también refleja el resultado de otras áreas, como la economía. La principal queja de la sociedad, a nivel nacional y estatal, suele ser la seguridad, y por eso también es lo que más aparece en los medios. Hay que entender que la seguridad está directamente relacionada con nuestra necesidad básica de supervivencia, y esto se conecta con el cerebro reptiliano —el instinto básico de supervivencia— que domina buena parte de nuestras decisiones.

Esta jerarquía no es casual: ya en 1943, el psicólogo Abraham Maslow ubicaba la seguridad como la segunda necesidad más básica del ser humano, apenas después de la supervivencia fisiológica, y advertía que ninguna aspiración superior puede sostenerse mientras esa necesidad permanezca insatisfecha.

Sustitución / Sustentabilidad

Joseph Schumpeter llamó a este fenómeno «destrucción creativa» en Capitalismo, socialismo y democracia (1942): el proceso mediante el cual la innovación vuelve obsoletas las estructuras económicas existentes para sustituirlas por otras nuevas —el motor mismo del capitalismo, según Schumpeter.

La tecnología ha llegado a desaparecer industrias completas a velocidades insospechadas. Muchas empresas, industrias y naciones no lograron ver en qué momento quedaron obsoletas, ni generaron los medios para cambiar y adaptarse; fortunas enteras han desaparecido en cuestión de meses. Nada está garantizado: el cambio es la única constante. Por eso, en el momento en que dejamos de adaptarnos, sucumbimos —la movilidad se sostiene solo hasta que se pierden las capacidades que la generaron. Desarrollar la capacidad de innovar, cambiar y anticiparse es vital para mantenerse competitivo, ya sea como persona, empresa o nación.

Sustituir o ser sustituido equivale a cambiar o ser cambiado. Un panorama incierto requiere de centros de inteligencia de negocio: termómetros que den luz y guía para anticiparse a los cambios, o mejor aún, para generarlos.

Selección de riesgos

Muchas fortunas se pierden por malas apuestas. La vida misma es una apuesta: siempre se corren riesgos, y el premio es el motivador esencial para asumirlos. Así funciona el mercado —a mayor riesgo, mayor ganancia—, y lo necesario es aprender qué tipo de riesgos vale la pena tomar y cuáles ni siquiera son necesarios.

El análisis de decisiones es una herramienta fundamental que debemos implementar en la vida personal, empresarial y gubernamental. Una buena decisión no se mide únicamente por su resultado —aunque este siempre será lo que más pese en la percepción—, porque tanto la fortuna como el error existen y juegan su parte. Lo importante es asegurarse de que las probabilidades estén a favor, y de que el premio realmente lo valga.

Daniel Kahneman y Amos Tversky, pioneros de la economía del comportamiento, demostraron en su teoría de las perspectivas (1979) que las personas no evaluamos el riesgo de forma racional o simétrica: tendemos a sentir las pérdidas con mayor intensidad que las ganancias equivalentes, lo cual distorsiona sistemáticamente nuestras decisiones frente a la incertidumbre.

Relaciones y efectos en cadena

Todos estos elementos están enlazados, y conviene empezar por los factores de doble impacto: Seguridad, Oportunidades y Salud. Estos tres son los pilares que permiten que los demás elementos se equilibren, generando un ambiente propicio para la actividad económica y la prosperidad.

El emprendimiento, la educación, el emparentamiento y el talento solo pueden detonarse si existen oportunidades, dado que todos ellos son medios y no fines en sí mismos. La educación, en particular, debe verse de forma holística: lo importante no está en la información, sino en la formación; no es cuestión de la cantidad de conocimiento, sino de la capacidad para resolver problemas y generar soluciones. Se necesitan laboratorios que funcionen como miniclústeres de innovación.

Una educación enfocada en emprendimiento, que enseñe a tomar decisiones y a analizar riesgos, disminuye sensiblemente estas «serpientes» —sustitución y mala selección de riesgos— dentro del sistema, reduciendo así las pérdidas.

La búsqueda y el aprovechamiento del talento, apoyados por la educación y el emprendimiento, generan el valor agregado que impulsa el emparentamiento y agiliza la movilidad.

Debemos entender el juego, sus reglas y, sobre todo, sus variables, para poder cambiar realmente la dinámica social —porque generar más pobreza no le conviene a nadie. En pocos años, la robótica y la inteligencia artificial volverán a cambiar el rostro de la economía, y no lo harán lentamente: la velocidad de ese cambio sobrepasará la capacidad de adaptación, reentrenamiento y reubicación de la fuerza laboral, porque afectará a la mayoría de las industrias en los tres sectores de la economía —primario, secundario y terciario. Dicho de otro modo: la gente no tendrá tiempo de reentrenarse o capacitarse para las nuevas oportunidades, que además serán cada vez menos numerosas y exigirán niveles de capacitación y experiencia muy específicos y profundos, para los cuales la mayoría no tendrá la formación necesaria.

Los movimientos se dan por olas o ciclos. Es necesario subirse a la ola de la cuarta revolución industrial y preparar a la población para trabajar y aprovechar la bonanza del sector cuaternario de la economía, en el que se encuentra todo aquello que no se puede automatizar.

El término lo popularizó Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, en The Fourth Industrial Revolution (2016), donde advierte que esta transformación es distinta a las anteriores por su velocidad, su alcance y su impacto simultáneo en múltiples sistemas a la vez.

Al final, la vida es un juego, con dos grandes contrincantes, y nosotros somos las fichas sobre ese tablero. Y vaya que es un juego difícil: cada quien lo ve de forma distinta, cada quien entiende su función de manera diferente. Para nosotros, el juego es, básicamente, social y económico. Pero para los jugadores principales, el juego es espiritual.